#YoQuieroEstarBien

Placer o felicidad: la confusión que nos está agotando

Nunca fue tan fácil acceder al placer y, paradójicamente, nunca fue tan difícil sentir una felicidad sostenida. La confusión entre ambos conceptos no es inocente

Vivimos en una época de máximos estímulos y mínimos silencios. Nunca fue tan fácil acceder al placer y, paradójicamente, nunca fue tan difícil sentir una felicidad sostenida. La confusión entre ambos conceptos no es inocente: está moldeando hábitos, expectativas y, en muchos casos, nuestro bienestar emocional.

Diferenciar placer de felicidad no es un ejercicio filosófico; es una necesidad práctica.

Placer y felicidad no son lo mismo

El placer es un pico rápido. Aparece de forma intensa, dura poco y casi siempre pide más. Está ligado al consumo, a la recompensa inmediata y a la dopamina reactiva. No es malo en sí mismo, pero es insuficiente para sostener una vida con sentido.

La felicidad, en cambio, no grita. Se siente como una calma profunda, una coherencia interna que da dirección. No depende de un estímulo puntual, sino de procesos: vínculos, hábitos, propósito y congruencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

El placer se agota en el consumo.
La felicidad se construye en el tiempo.

Señales de una sobredosis de placer

Hay indicadores claros de que estamos confundiendo placer con bienestar:

  • Sensación de vacío justo después de un logro.
  • Necesidad constante de nuevos estímulos para sentirse “bien”.
  • Dificultad para disfrutar lo simple si no hay intensidad.

Cuando el placer se convierte en anestesia, deja de cumplir su función y empieza a pasar factura.

Un microtest simple (y honesto)

Antes de elegir, pregúntate:
¿Esto me excita hoy o me nutre mañana?

No se trata de eliminar el placer, sino de entender qué lugar ocupa en tu vida.

La regla 70/30

Una pauta práctica para el equilibrio emocional:

  • 70% de tu energía en hábitos con sentido:
    sueño suficiente, movimiento regular, relaciones de calidad, presencia consciente.
  • 30% en placeres conscientes:
    disfrutados sin culpa, sin compulsión y sin necesidad de repetirlos para sentirse válido.

El problema no es el placer; es cuando ocupa el 100%.

Cambia dopamina reactiva por rutinas que sostengan

La felicidad no se optimiza, se entrena. Y se entrena en lo cotidiano:

  • Dormir bien incluso cuando “no apetece”.
  • Mover el cuerpo aunque no genere euforia inmediata.
  • Estar presente sin estímulos constantes.

Estas decisiones no suelen vender promesas rápidas, pero construyen estabilidad real.

Una reflexión final

Invertir en placer es fácil y visible.
Invertir en felicidad es silencioso y lento.

Pero mientras lo primero entretiene, lo segundo transforma.
Y hoy, más que nunca, necesitamos menos picos… y más sentido.

Comparte en tus redes sociales

Servicios Starbien Seleccionados0
No has elegido ningún servicio
0